Como Gobernador de la Provincia de Valdivia, me es muy grato poder saludarlos en el día nacional de la prensa, reconociendo su labor, muchas veces vapuleada por quienes no comprenden la importancia de contar con diversas voces en el ejercicio de nuestra democracia.
Por primera vez celebramos este día como Región, logro del que ustedes también son parte, como intermediarios entre la ciudadanía y el poder político, portavoces del sentimiento común y de los sueños compartidos.
Es particularmente significativo saludar a los profesionales del periodismo en Valdivia, cuna de su fundador, Fray Camilo Henríquez, lo que implica una gran responsabilidad para todos quienes tienen la vocación de llevar la información a quienes la necesitan, con compromiso e independencia.
Soy un convencido que la libertad se conquista escuchando todas las voces que tengan algo que decir, con respeto y dignidad. Que se crece cuando podemos disentir y valorar la opinión de nuestro aliado, pero más aún de nuestro adversario. Por eso los saludo con el mayor de los respetos, sabiendo que el compromiso que los mueve es el de tener una mejor ciudad, una mejor región y un mejor país.
Un gran saludo a todos quienes abrazaron la hermosa profesión del periodismo. Sigan teniendo la verdad como única bandera y el compromiso con los sin voz, como norte en su larga travesía.

Camilo Henríquez nació en una casa que pertenecía a su abuela materna doña Margarita de Castro, ubicada en lo que corresponde a la actual calle Yungay, en la ciudad de Valdivia, Chile. Sus padres fueron el capitán de infantería española don Félix Henríquez y Santillán (1745-1798) y doña Rosa González y Castro (1747-1798). A la edad de trece años, fue enviado a estudiar a Lima bajo la dirección de su tío materno Juan Nepomuceno González. En la capital del virreinato del Perú, ingresó a la orden de los Ministros de los Enfermos Agonizantes de San Camilo de Lelis (o "de la Buena Muerte"), previa rendición de un informe de limpieza de sangre de sus antepasados en 1789; profesó como sacerdote el 28 de enero de 1790.
La orden lo envió a Quito, donde fue testigo de la violencia de los Realistas. Posteriormente sus vivencias las escribió en la obra de teatro La Camila o La Patriota de Sud Americana.
En 1811 volvió a Chile y se involucró en la vida política. Redactó la Proclama de Quirino Lemachez, seudónimo creado con un anagrama de su nombre, en el que pedía votar por hombres de ideas independentistas en las próximas elecciones para elegir el Primer Congreso Nacional. En el Primer Congreso Nacional fue diputado suplente por el Partido de Puchacay. También pronunció un sermón en la misa de la inauguración de las sesiones en el que sostuvo que la Iglesia Católica autorizaba al Congreso para generar una constitución.
El 16 de enero de 1812, fue nombrado editor de la Aurora de Chile, el primer periódico en Chile, en el que se utilizó una imprenta traída desde Estados Unidos. El primero número fue publicado el 13 de febrero de ese mismo año.
Debido a la censura establecida por el gobierno de José Miguel Carrera, comenzó a publicarse bajo la dirección de Camilo Henrquez, El Monitor Araucano en substitución de la Aurora, cuyo primer número se publicó el 17 de abril de 1813. También publicó el "Catecismo de los patriotas" dentro de las páginas del nuevo diario.
Entre 1812 y 1814 fue senador, y en 1813 fue presidente del Senado. Fue autor de varios proyectos de ley, entre los que destacan el Reglamento Constitucional de 1812 y el de protección a los indígenas. Durante esa época creó el drama "La Procesión de los Tontos". Luego del Desastre de Rancagua se dirigió a Mendoza para luego seguir a Buenos Aires, donde colaboró con La Gaceta de Buenos Aires y El Censor.